Chapter 2 - Diecisiete minutos desaparecidos

Emily fue trasladada al hospital.
El bebé seguía vivo.
Eso fue lo primero que Michael escuchó del médico.
Pero había riesgo.
Emily había sufrido contracciones prematuras y debía permanecer bajo observación.
Michael intentó entrar a verla.
Ella se negó.
—No quiero verlo.
La enfermera pronunció las palabras con suavidad, pero Michael sintió el peso completo de ellas.
Permaneció solo en el pasillo durante casi una hora.
Sophia había desaparecido antes de que llegaran los paramédicos.
No contestaba el teléfono.
Mason estaba con una vecina.
Michael volvió a casa esa noche.
No podía borrar de su mente la expresión de Emily después del golpe.
“Me condenaste sin escucharme.”
Subió directamente a la oficina.
Mason estaba sentado frente al escritorio.
—Pensé que estabas con la señora Collins.
—Me trajo.
Michael se sentó.
—¿Qué querías decir sobre el disco duro?
Mason señaló una unidad negra conectada al sistema de seguridad.
—Tía Sophia tomó esa caja esta mañana.
Michael frunció el ceño.
—¿Estás seguro?
—Sí.
—¿Cuánto tiempo?
—No sé.
Michael abrió el historial.
Había grabaciones de la entrada.
El jardín.
La cocina.
Y la escalera.
Pero justo durante el momento del accidente aparecía un salto.
Diecisiete minutos.
El archivo estaba vacío.
Michael sintió frío.
—No puede ser.
Mason señaló otra carpeta.
—Papá, yo sé dónde está.
—¿Qué?
—La cámara guarda otra copia.
El sistema había sido instalado dos años antes. Michael recordaba vagamente que el técnico había mencionado una copia de seguridad en la nube.
Ingresó las credenciales.
Había otra grabación.
Michael reprodujo el video.
Emily bajaba.
Sophia aparecía detrás.
Después…
La patada.
Michael dejó de respirar.
Vio a su esposa caer.
Vio a Sophia fingir.
Vio su propia llegada.
Después vio el golpe que él había dado.
Michael cerró los ojos.
—Dios mío.
Mason empezó a llorar.
—Mamá dijo la verdad.
Michael abrazó a su hijo.
—Sí.
—¿Por qué tía Sophia hizo eso?
Michael no tenía respuesta.
Entonces algo apareció en la grabación que no había notado.
Antes de que Emily empezara a bajar, Sophia estaba hablando por teléfono.
El micrófono de la cámara apenas captaba el sonido.
Michael aumentó el volumen.
La voz de Sophia resultaba casi inaudible.
—Hoy. Tiene que pasar hoy.
Silencio.
—No, Michael no sabe nada.
Otra pausa.
—Si pierde al bebé, el problema se acaba.
Michael sintió que se le revolvía el estómago.
Mason no entendió completamente.
—¿Qué problema?
Michael cerró el video.
—Ve a tu habitación.
—Papá…
—Ahora, Mason.
Cuando quedó solo, Michael reprodujo el audio otra vez.
Sophia continuaba hablando.
—Después del nacimiento será demasiado tarde. Emily descubrirá la cuenta.
Michael se quedó inmóvil.
¿Qué cuenta?
Intentó llamar a Sophia.
Sin respuesta.
Entonces recibió un mensaje.
Era de Emily.
Solo cuatro palabras.
“Necesito hablar contigo.”
Michael fue al hospital.
Emily estaba despierta.
Pálida.
Fría.
—Vi el video —dijo él.
—Ya lo imaginaba.
—Sophia intentó…
—Sé lo que intentó.
Michael bajó la cabeza.
—Nunca podré reparar lo que hice.
Emily no respondió.
—Pero necesito saber algo —continuó él—. Sophia habló de una cuenta.
Emily lo miró.
—¿Qué cuenta?
Michael entendió por su expresión que ella no sabía nada.
En ese momento, una enfermera entró.
—Señora Reed, alguien dejó esto para usted.
Era un sobre.
Sin remitente.
Emily lo abrió.
Dentro había una copia bancaria.
Una cuenta con más de cuatro millones de dólares.
Titular:
Emily Reed.
Pero Emily jamás había visto esa cuenta.
En la parte inferior aparecía una transferencia programada.
Beneficiario:
Sophia Reed.
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Fecha de ejecución:
el día previsto para el nacimiento del bebé.