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Chapter 17 - Sophia dejó de mentir

Sophia pidió declarar nuevamente.

Sin abogado de la familia.

Sin Evelyn cerca.

Sin Helen.

Solo un fiscal federal, su defensor y Michael.

Emily no quiso asistir.

Después cambió de opinión.

Necesitaba mirar a Sophia cuando hablara.

Sophia parecía diez años mayor.

—No espero que me perdones.

Emily se sentó frente a ella.

—Bien.

Sophia tragó saliva.

—Mentí sobre las llamadas.

—Ya lo sabemos.

—Richard me llamó ese día.

—También lo sabemos.

—Intentó detenerme.

Emily no apartó la mirada.

Sophia comenzó a llorar.

—Yo ya había decidido hacerlo.

Michael cerró los ojos.

—¿Por qué?

—Porque Helen me había convencido de que Emily estaba destruyendo nuestra familia.

Helen le había mostrado documentos.

Pruebas genéticas.

Movimientos bancarios.

Fotografías.

Y después alguien comenzó a enviar mensajes anónimos.

No instrucciones.

Predicciones.

“Emily se quedará con todo.”

“Mason será apartado.”

“Michael descubrirá que el bebé no es suyo.”

“Después del nacimiento ya no podrás arreglar nada.”

—¿Quién los enviaba?

—No sabía.

—¿Y ahora?

Sophia miró a Emily.

—Creo que Evelyn.

El fiscal colocó copias de los mensajes.

Las frases tenían un patrón.

Cada una contenía expresiones que Evelyn utilizaba en cartas antiguas.

Pero aquello no bastaba.

Sophia continuó:

—El día antes del ataque recibí uno distinto.

Sacaron una captura.

“No tienes que hacerle daño. Solo debes conseguir que la verdad salga a la luz.”

Emily frunció el ceño.

—Eso no te dijo que me empujaras.

—No.

Sophia estaba temblando.

—Yo lo decidí.

Por primera vez desde el principio, no intentó repartir la culpa.

—Pensé que si parecías atacarme, Michael finalmente vería quién eras.

Emily recordó la escena.

Sophia se había preparado para fingir una lesión.

Eso explicaba por qué había actuado inmediatamente después.

La patada no había sido un arrebato.

Había sido parte de una puesta en escena.

—Querías que pareciera que yo te había atacado primero.

—Sí.

—Y sabías que estaba embarazada.

Sophia comenzó a llorar.

—Sí.

Michael apartó la mirada.

Emily no sintió satisfacción.

Solo una tristeza pesada.

—Entonces Richard intentó detenerte.

—Me llamó cuando descubrió que estaba en la casa. Me dijo que saliera. Yo pensé que era otro de ellos intentando controlarme.

—Y después me empujaste.

—Sí.

Silencio.

Sophia levantó los ojos.

—Pero hay algo más.

Después del ataque, mientras Michael acompañaba a Emily, Sophia recibió un mensaje.

Solo una frase:

“Bien. Ahora deja el disco donde Mason pueda encontrarlo.”

Michael frunció el ceño.

—¿El disco duro?

—Sí.

—Tú lo habías sacado.

—Sí.

—Pensamos que olvidaste la copia en la nube.

Sophia negó.

—Me dijeron exactamente qué borrar.

Emily sintió frío.

—Entonces alguien quería conservar una copia.

—Sí.

—¿Quién envió el mensaje?

Sophia entregó el teléfono antiguo.

Los técnicos habían recuperado información borrada.

El mensaje provenía de una cuenta cifrada.

Pero contenía un identificador interno.

RB-EV-01.

Richard había visto ese código antes.

Cuando se lo mostraron, tardó varios segundos en contestar.

—Era de Evelyn.

Michael sintió rabia.

—Entonces utilizó el ataque.

Richard negó.

—Quizá más que eso.

—Sophia acaba de admitir que decidió hacerlo sola.

—Sí.

Richard señaló los mensajes de semanas anteriores.

—Pero alguien estudió qué decirle durante meses.

Helen añadió algo inesperado.

—Eso era parte de la metodología de Evelyn.

Todos la miraron.

—¿Qué metodología?

Helen explicó que durante la última fase del antiguo programa, Evelyn había dejado de estudiar únicamente genética.

También estudiaba decisiones bajo presión.

Cómo reaccionaban familias cuando recibían información incompleta.

Miedo.

Celos.

Dinero.

Amenazas.

—Creaba condiciones —dijo Helen— y observaba.

Emily recordó la cámara.

La maldita cámara.

De repente comprendió por qué Evelyn había entrado en su casa antes del ataque.

No para causar directamente lo que ocurrió.

Para asegurarse de poder verlo.

Michael también lo entendió.

—La cámara no estaba allí para protegernos.

Helen negó.

—Para Evelyn, ustedes eran el último experimento.

En aquel momento llegó un nuevo informe forense.

La cuenta que había enviado los mensajes a Sophia todavía estaba activa.

Había iniciado sesión esa misma mañana.

Desde el edificio federal donde Evelyn estaba detenida.

Michael se levantó.

—Tiene un teléfono.

El agente negó.

—No.

—Entonces alguien está usando su cuenta.

El técnico amplió la información.

Ubicación exacta.

No provenía de la sala de Evelyn.

Provenía de la oficina de evidencias.

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Y el usuario había abierto, diez minutos antes, un archivo llamado:

MASON_REED_PHASE_2.

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