Chapter 11 - El hombre que cambió de nombre

Richard Ross había muerto dos veces.
Primero desapareció como empresario.
Después murió oficialmente como Adrian Vale.
Ninguna de las dos cosas había ocurrido.
—¿Está vivo? —preguntó Emily.
Margaret no contestó de inmediato.
—La última vez que lo vi, sí.
—¿Cuándo?
—Hace once meses.
Emily sintió que su vida volvía a quebrarse.
Su padre biológico no había muerto cuando ella era niña.
No había desaparecido antes de su nacimiento.
Había vivido a pocas horas de distancia bajo otro nombre.
—¿Sabía que yo existía?
Margaret comenzó a llorar.
—Sí.
Emily se levantó.
Michael intentó ayudarla.
Ella apartó su mano.
No con rabia.
Simplemente necesitaba sostenerse sola.
—Treinta y un años.
Margaret bajó la cabeza.
—Intentamos protegerte.
—No vuelvas a usar esa palabra.
La dureza de Emily silenció la habitación.
—Todos me han “protegido”. Evelyn me protegió diseñando mi matrimonio. Helen protegió a Michael falsificando pruebas. Tú me protegiste desapareciendo. Sophia protegió a su familia intentando hacerme perder a mi hija.
Margaret no pudo mirarla.
—Quiero saber por qué Richard se escondió.
Margaret explicó que Ross había sido uno de los primeros inversores de Reed Biomedical.
Cuando descubrió que determinados pacientes habían sido tratados sin consentimiento adecuado, quiso detener el programa.
Robert quiso acompañarlo.
Helen se negó.
Y Evelyn hizo algo que ninguno esperaba.
—Creó un segundo grupo de investigación —dijo Margaret—. Uno que no aparecía en ningún registro financiero.
Michael pensó en el Archivo Cero.
—Evelyn continuó los ensayos.
—Sí.
—¿Robert lo sabía?
—Al principio no.
Richard reunió documentos para denunciarlos.
Pero antes de entregarlos, alguien alteró las cuentas de sus empresas y lo convirtió públicamente en responsable del fraude.
Desapareció para evitar ser detenido.
Años después adoptó el nombre Adrian Vale y volvió al proyecto como genetista externo.
No para continuar los experimentos.
Para documentarlos desde dentro.
—¿Entonces la muestra de nuestra hija la tomó él? —preguntó Michael.
Margaret negó.
—No puedo asegurarlo.
Helen habló desde el otro lado de la habitación.
—Richard jamás usaría su antiguo alias si quisiera permanecer oculto.
Todos la miraron.
—Alguien quería que encontráramos ese nombre —continuó—. Igual que alguien quería que encontráramos la prueba falsa que decía que Michael y Emily eran hermanos.
Michael sintió la misma sensación que había tenido desde el principio.
Cada pista parecía responder una pregunta mientras dirigía deliberadamente hacia otra persona.
—Nos están moviendo —dijo.
Emily lo miró.
—Como piezas.
Mason se acercó a la mesa donde estaba la tarjeta de memoria.
—¿Podemos verla?
Margaret reaccionó demasiado rápido.
—No.
El niño retiró la mano.
Michael observó a Margaret.
—¿Por qué no?
—Porque Robert me hizo prometer que nadie la abriría hasta que todo hubiera terminado.
Michael soltó una risa amarga.
—Mira alrededor, Margaret.
Helen se acercó.
—Robert no temía que Evelyn encontrara esa tarjeta.
Margaret palideció.
—¿Cómo sabes eso?
—Porque yo estaba presente cuando creó el archivo.
Silencio.
Margaret parecía haber visto un fantasma.
—Tú no estabas allí.
—Sí.
—Robert me aseguró…
Helen interrumpió.
—Robert te mintió.
Michael tomó la tarjeta.
—¿Qué hay dentro?
Helen sostuvo su mirada.
—Una grabación.
—¿De qué?
—Del día en que decidimos cerrar el programa.
Emily frunció el ceño.
—Pero el programa no se cerró.
Helen negó lentamente.
—Exactamente.
Michael introdujo la tarjeta en una computadora sin conexión.
Solo había un archivo.
VIDEO_01.
Fecha:
veintinueve años atrás.
Presionó reproducir.
Robert Reed apareció sentado frente a una cámara.
Mucho más joven.
A su derecha estaba Helen.
A la izquierda, Richard Ross.
Y detrás de ellos…
Evelyn.
Robert miró al lente.
—Si alguien está viendo esto, significa que Evelyn continuó el proyecto después de que intentamos detenerla.
Helen cerró los ojos.
Robert continuó.
—Y si Michael sigue vivo, necesito que sepa algo.
Michael se inclinó hacia la pantalla.
—La mutación que lleva no fue un accidente del tratamiento.
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El silencio se volvió absoluto.
—Fue introducida deliberadamente.