Chapter 13 - La cámara tenía dos memorias

Emily no quiso volver a casa.
Pero necesitaban la cámara.
La policía retiró el dispositivo entero de la escalera y lo llevó a un laboratorio forense.
Michael acompañó al técnico.
Mason insistió en ir también.
Emily se negó.
—Has visto demasiado.
—Yo encontré la primera copia.
—Precisamente.
Mason bajó la cabeza.
Michael entendió lo que Emily intentaba hacer.
Por primera vez en días, alguien tenía que comportarse como padre y no como investigador de una conspiración familiar.
Mason se quedó con ella.
Tres horas después, Michael regresó con un informe.
—Había dos memorias.
Emily recordó las palabras de Margaret.
—¿Qué había en la segunda?
Michael colocó una tableta frente a ella.
—No estaba programada para borrarse con el nacimiento.
—Margaret dijo que sí.
—Margaret estaba equivocada.
La segunda memoria solo se borraría si alguien intentaba retirar físicamente la primera tarjeta.
Una trampa.
La persona que quisiera eliminar la evidencia destruiría únicamente una copia señuelo.
Robert había diseñado el sistema para sobrevivir precisamente a alguien como Evelyn.
Michael reprodujo el primer archivo recuperado.
Fecha:
el día del ataque.
Hora:
1:08 p. m.
Margaret entró en la casa.
Emily sintió dolor al verla.
Sophia apareció desde la cocina.
Discutían.
El micrófono captaba todo.
—Tienes que conseguir que Emily salga —decía Margaret.
—¿Por qué?
—Porque Evelyn viene.
—¿Qué quiere?
—No lo sé.
—Siempre dices que no sabes nada.
—Sophia, escúchame. No la toques. No la asustes. Invéntate algo. Haz que vaya al hospital si hace falta, pero no permitas que esté aquí a las cuatro.
Emily miró a Michael.
Margaret había dicho la verdad.
Al menos sobre aquello.
Sophia respondía:
—¿Y el bebé?
—El bebé tiene que nacer vivo.
—Helen dijo lo contrario.
Margaret se quedó quieta.
—¿Helen?
Sophia comprendió que había dicho demasiado.
—Nada.
—¿Has hablado con Helen?
Sophia salió de la habitación.
El video continuó.
Margaret quedó sola.
Entonces miró directamente hacia la cámara.
—Richard, si estás viendo esto, ya no puedo controlar lo que está pasando.
Emily sintió un escalofrío.
Margaret sabía que alguien observaba.
A las 1:21 salió.
A las 3:46 Sophia regresó.
Habló por teléfono.
Era la conversación que ya conocían.
Pero esta grabación tenía mejor audio.
—Hoy. Tiene que pasar hoy.
Pausa.
Sophia escuchaba.
La otra voz era casi inaudible.
El técnico había conseguido aislarla.
Michael aumentó el volumen.
—Solo consigue que salga de la casa.
Sophia respondió:
—Si pierde al bebé, el problema se acaba.
Emily abrió los ojos.
Aquella frase…
No había venido de la persona al otro lado.
Sophia la había dicho.
La llamada continuó.
—¡No! —respondió la voz—. No hagas ninguna estupidez.
Michael pausó.
—Sophia mintió.
Emily sintió una mezcla de rabia y alivio.
Había querido compartir su culpa.
Convertir una decisión monstruosa en una orden.
Michael continuó el video.
La voz repetía:
—No la lastimes.
Emily reconoció entonces algo.
No era Margaret.
No era Helen.
Era un hombre.
Sophia había mentido incluso sobre eso.
—¿Quién es? —preguntó Emily.
Michael negó.
El programa de análisis encontró una coincidencia parcial con una grabación histórica.
Nombre:
Richard Ross.
Emily sintió que algo se rompía dentro de ella.
Su padre había estado hablando con Sophia minutos antes del ataque.
Pero la grabación todavía no había terminado.
Después de que Emily cayera, después de la ambulancia y después de que todos abandonaran la casa, alguien entró.
No Evelyn.
No Margaret.
Un hombre.
La misma persona cuya fotografía aparecía en la identificación de Adrian Vale.
Richard caminó hacia la escalera.
Se detuvo frente a la sangre que aún quedaba en el suelo.
Y comenzó a llorar.
—Sophia… ¿qué hiciste?
Luego levantó la mirada hacia la cámara.
—Evelyn va a utilizar esto.
La puerta volvió a abrirse.
Evelyn entró.
Richard giró.
Los dos se quedaron frente a frente.
Emily se inclinó hacia la pantalla.
Evelyn dijo:
—Después de treinta años escondiéndote, elegiste un día interesante para volver.
Richard respondió:
—No volví por ti.
—Lo sé.
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Evelyn miró hacia la escalera.
—Volviste por tu hija.