Chapter 26 - La mujer que dio a luz a Daniel

Rebecca no intentó negarlo.
Quizá eso fue lo que más asustó a Daniel.
Durante unos segundos nadie habló.
El teléfono seguía sobre la mesa con el último mensaje de Ethan iluminando la pantalla.
“Pregúntale a tu madre por qué Rebecca nunca estuvo embarazada de ti.”
Daniel miró a Rebecca.
—Dilo.
Ella respiró con dificultad.
—Nunca estuve embarazada.
Arthur se puso de pie.
—Eso no tiene sentido.
—Sí lo tiene.
—Las pruebas dicen que Daniel es nuestro hijo.
Rebecca asintió.
—Porque lo es.
Daniel cerró los ojos.
Ya estaba cansado de respuestas que parecían imposibles hasta que alguien añadía una segunda frase.
—Entonces explícame cómo.
Rebecca miró hacia Thomas.
Él no levantó la cabeza.
Aquello bastó.
—Thomas lo sabía.
—Sí.
—¿Jonathan?
—También.
—¿Marcus?
Rebecca negó.
—Marcus creyó durante años que yo había tenido un hijo y lo había entregado.
Daniel apretó los puños.
—¿Quién me dio a luz?
Rebecca empezó a llorar.
—La mujer a la que llamaste mamá.
Daniel no reaccionó.
No pudo.
La mujer que lo había criado.
La esposa de Thomas.
La mujer que Daniel recordaba cantándole cuando tenía fiebre, esperando despierta cuando volvía tarde de la escuela, escondiendo regalos de Navidad demasiado pronto porque nunca sabía guardar secretos.
La mujer cuya tumba había visitado durante años.
—No podía tener hijos —susurró Daniel.
Thomas finalmente habló.
—No podía producir óvulos.
Daniel lo miró.
—Pero podía llevar un embarazo.
El silencio confirmó la respuesta.
Décadas atrás, Rebecca había quedado atrapada entre Arthur, Marcus y una estructura familiar que ya utilizaba matrimonios, acciones y nombres como instrumentos financieros.
Tenía veintidós años.
Arthur estaba a punto de abandonar el país.
Marcus creía que Rebecca podía convertirse en una amenaza para los activos Vale.
Thomas acababa de descubrir que Rebecca era su propia hija biológica.
—Yo quería protegerte —dijo Rebecca.
—Todavía no existía.
—Sí existías.
Daniel frunció el ceño.
Rebecca explicó que se había sometido a una extracción de óvulos por un problema médico.
Arthur había proporcionado una muestra semanas antes de desaparecer.
Un embrión fue creado.
No con intención inicial de tener un hijo.
Era una práctica de preservación privada, extremadamente discreta para la época y vinculada a uno de los médicos que más tarde aparecerían en Room 4A.
Cuando Marcus comenzó a vigilar a Rebecca, Thomas hizo algo que ella nunca imaginó.
Movió el embrión.
Lo implantaron en su esposa.
—¿Ella aceptó?
Thomas levantó inmediatamente la cabeza.
—Sí.
Daniel endureció la voz.
—No quiero otra historia donde alguien diga que una mujer “aceptó” porque ya no está viva para contradecirlo.
Thomas soportó el golpe.
Rebecca sacó una carta.
—Por eso guardé esto.
Daniel reconoció la letra.
La letra de su madre.
No la biológica.
La mujer que lo había criado.
“Rebecca:
No sé qué nombre tendrá este niño cuando nazca. Solo quiero que sepas que jamás le diré que nació de mí. Diré que nació para mí. Hay diferencia.”
Daniel tuvo que apartar la mirada.
Claire tomó su mano.
Él no la retiró.
Rebecca continuó.
La mujer que Daniel llamaba madre llevó el embarazo completo.
Estuvo allí cuando nació.
Lo sostuvo primero.
Y se negó a permitir que Thomas utilizara ningún documento que borrara para siempre a Rebecca.
—Entonces ¿por qué lo hicieron?
—Porque Marcus encontró el hospital.
Thomas había recurrido a Room 4A.
No para crear a Daniel.
Para esconder el nacimiento.
Aquella noche, el nombre de Rebecca desapareció del registro público.
Arthur también.
El niño recibió legalmente el apellido Carter.
Daniel.
—¿Por qué Daniel?
Rebecca negó.
—Yo quería llamarte Matthew.
Daniel miró a Thomas.
—Entonces tú escogiste el nombre.
Thomas tampoco.
—No.
Fue la mujer que lo llevó en su vientre.
Había conocido al primer Daniel Carter.
Daniel sintió un escalofrío.
—¿Mi madre conocía al otro Daniel?
Thomas asintió.
—Antes que yo.
Aquello cambió la habitación.
El primer Daniel Carter no era simplemente un nombre reciclado para confundir archivos.
Había tenido relación directa con la mujer que crió a Daniel.
—¿Qué relación?
Thomas tardó demasiado.
—Le salvó la vida.
Daniel sintió frío.
—¿De quién?
Thomas respondió:
—De mi familia.
Y entonces el teléfono volvió a vibrar.
Ethan.
Esta vez no era un mensaje.
Era una ubicación.
Y debajo:
“Si quieres saber por qué tu madre te puso el nombre de un hombre desaparecido, ven solo.”
Pero apareció una segunda línea.
“Y no lleves a Thomas.”
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Daniel levantó lentamente los ojos.
Thomas estaba completamente blanco.