Chapter 23 - La persona que necesitaba que Daniel la odiara

Vanessa llegó con un agente.
Claire la esperaba sentada.
Daniel permaneció de pie.
Ninguno quería convertir aquello en un interrogatorio formal.
Pero todos sabían que lo era.
Vanessa dejó un sobre sobre la mesa.
—Conservé esto.
Claire lo reconoció.
—Mi letra.
—Sí.
La hoja estaba arrugada.
Manchada.
Escrita después del accidente.
Claire leyó.
“Daniel:
Si encuentras esto, significa que no pude volver.
No me busques.
No porque no te quiera.
Precisamente por eso.
Mantén a Noah lejos de cualquier persona vinculada a Carter Development.
Y si algún día vuelvo, no dejes que Lily abra la caja azul.”
Daniel frunció el ceño.
—Lily todavía no había nacido cuando desapareciste.
Claire quedó completamente inmóvil.
—Yo no escribí Lily.
Vanessa cerró los ojos.
—Lo sé.
Daniel miró la carta otra vez.
—Entonces está falsificada.
—No toda.
Vanessa explicó.
Claire escribió la primera parte.
Pero estaba sedada.
Confundida.
En una habitación de motel después de que Vanessa la sacara temporalmente del circuito de Marcus.
Claire repetía frases.
No recordaba cuánto tiempo había pasado.
Preguntaba por Noah.
Preguntaba por Daniel.
Después dijo algo extraño.
—“La niña.”
Claire sintió frío.
—¿Qué niña?
Vanessa negó.
—No lo sabía.
Claire dijo:
“Si alguna vez Daniel tiene otra hija, la caja azul no puede quedarse con ella.”
Daniel y Claire se miraron.
—Eso no tiene sentido.
Vanessa asintió.
—Yo pensé que estabas delirando.
—¿Por qué escribiste Lily?
—No lo hice entonces.
La palabra Lily había sido añadida mucho después.
Dos años más tarde.
Después del nacimiento de la niña.
Daniel sintió el corazón golpear.
—¿Por quién?
Vanessa negó.
—No fui yo.
Los peritos examinaron tinta.
Primera parte:
más antigua.
Línea final:
escrita años después.
Pero la letra parecía de Claire.
Claire se quedó horrorizada.
—Alguien imitó mi letra.
Sophie revisó el archivo original digital.
No existía línea de la caja azul.
Solo la versión física.
Eso significaba que alguien con acceso a las pertenencias antiguas de Claire había añadido la frase cuando Lily ya existía.
—¿Dónde guardabas la carta? —preguntó Daniel a Vanessa.
—En un casillero.
—¿Quién tenía acceso?
—Solo yo.
Pausa.
—Y Jonathan.
Daniel sintió rabia.
Otra vez Jonathan.
Pero Vanessa negó.
—Jonathan no sabía dónde estaba hasta mucho después.
—¿Entonces?
—Emily.
Sophie levantó la mirada.
—Emily estaba muerta.
Vanessa asintió.
—Por eso nunca entendí.
Emily conocía la ubicación del casillero antes de morir.
Nadie más.
Pero después del nacimiento de Lily, alguien utilizó exactamente el código que Emily había creado.
Sophie frunció el ceño.
—¿Alguien podía haber encontrado su cuaderno?
—Sí.
—¿Quién recogió su teléfono después del accidente?
Todos sabían la respuesta.
Jonathan.
Daniel cerró los ojos.
Jonathan había tenido acceso a sus contraseñas.
A los archivos.
A sus mensajes.
Pero entonces Claire dijo:
—No.
Todos la miraron.
—Jonathan no habría escrito “Lily”.
—¿Por qué?
—Porque él sabía que yo no tenía forma de saber que Daniel tendría una hija con ese nombre.
Daniel comprendió.
La persona que añadió esa frase necesitaba conocer dos cosas:
el código de Emily
y la vida futura de Daniel.
Alguien que permaneció observando.
Vanessa palideció.
—Marcus.
Sophie negó.
—Marcus no conocía el casillero.
Otra persona.
Thomas.
Arthur.
Rebecca.
Margaret.
Demasiados.
Daniel estaba cansado de nombres.
—Busquemos la caja.
Subieron a la habitación de Lily.
Había una caja azul.
Pequeña.
De madera.
Con estrellas blancas.
Daniel la recordaba desde el nacimiento.
—¿Quién la compró?
Vanessa respondió:
—Ya estaba en la casa cuando llegué.
Daniel frunció el ceño.
—No.
—Sí.
Claire se acercó.
—Esta caja estaba aquí antes de que yo desapareciera.
Daniel sintió frío.
—Imposible.
Claire tocó una esquina.
Había una pequeña marca.
C.C.
Sus iniciales.
—Era mía.
La caja había pertenecido a Claire.
Guardaba allí recuerdos de Noah.
Después de su desaparición, Daniel la había vaciado.
Años más tarde Vanessa la pintó de azul y la usó para cosas de Lily.
—Nunca me dijiste eso —dijo Daniel.
Vanessa negó.
—No sabía que era importante.
Claire levantó la tapa.
Ropa pequeña.
Una pulsera hospitalaria de Lily.
Fotografías.
Un mechón de cabello.
Nada.
Sophie examinó el fondo.
—Es más grueso de lo normal.
Daniel sintió un escalofrío.
Retiraron la tela.
Debajo había una segunda base.
Claire negó.
—Eso no estaba.
La levantaron.
Dentro:
una pulsera de hospital.
Mucho más antigua que la de Lily.
Fecha:
el mismo día del nacimiento de Lily.
Nombre de madre:
CLAIRE CARTER.
Daniel dejó de respirar.
—Claire no estaba embarazada.
Claire palideció.
Número de recién nacido:
Lily había sido registrada como 01.
Otro bebé figuraba como 02.
Y aquel era 03.
Sophie miró la pulsera.
—Tres bebés.
Daniel sintió náuseas.
—¿Dónde está el tercero?
Claire negó.
—Yo no di a luz.
—Entonces usaron tu identidad.
Había una fotografía.
Tres cunas.
Una tenía el nombre Lily Carter.
Otra:
Baby Mercer.
La tercera:
Baby Carter.
Sin nombre.
Claire dio vuelta la foto.
Detrás había una frase.
La letra era de Emily.
“Si Claire encuentra esto, dile que no es su hija.”
Daniel sintió frío.
No era un hijo secreto de Claire.
Emily lo había escrito explícitamente.
Pero debajo aparecía otra frase.
“Es el primer bebé cuya identidad compraron con su nombre.”
Sophie levantó la mirada.
—No era solo fraude financiero.
Claire comprendió.
—Usaban identidades de mujeres desaparecidas.
Para registrar niños.
Para mover adopciones.
Para esconder nacimientos.
Daniel sintió asco.
Morris Restoration Trust podía ser mucho más grande de lo que creían.
Entonces Vanessa dijo:
—Emily me contó una vez sobre una lista.
Todos la miraron.
—¿Qué lista?
—Niños cuyos registros fueron vendidos.
Daniel sintió el pecho helarse.
—¿Cuántos?
Vanessa negó.
—Nunca dijo.
Claire apretó la pulsera.
—¿Dónde está?
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Vanessa respondió:
—En el hospital donde nació Lily.