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Chapter 4 - El apellido de Daniel

Daniel soltó una risa breve.

No por diversión.

Por incredulidad.

—Ahora resulta que yo tampoco soy un Carter.

Vanessa negó.

—No sé si es verdad.

—Pero pagaste dinero para averiguarlo.

—Sí.

—¿A Elise?

—Al principio.

Vanessa explicó que meses antes de la muerte de Rachel recibió un correo anónimo.

El mensaje decía que Arthur Carter había descubierto, poco antes de morir, que Daniel no era su hijo biológico.

El remitente ofrecía documentos.

Vanessa pagó.

—¿Por qué no me lo dijiste?

—Porque estabas pasando por la muerte de tu padre.

—Habían pasado cinco años.

—Y porque tenía miedo.

—¿De qué?

—De perder esta familia.

Daniel entendió la frase.

No la justificó.

Pero la entendió.

Vanessa había construido toda su identidad alrededor del apellido Carter, la casa, la seguridad, los hijos.

Si Daniel no era heredero legal, una parte enorme de aquella vida podía desaparecer.

—¿Rachel descubrió los pagos?

—Sí.

—¿Y qué hizo?

—Me enfrentó.

Vanessa recordó la noche de la caída.

Rachel llegó con la botella roja.

Dentro llevaba una memoria pequeña envuelta en papel.

Elise apareció poco después.

Habían acordado reunirse.

—¿Por qué?

—Rachel dijo que tenía pruebas contra Elise.

—¿Y tú estabas ahí?

—Sí.

—¿Qué ocurrió?

Vanessa respiró con dificultad.

—Empezaron a discutir.

Elise quiso quitarle la botella.

Rachel se resistió.

El cristal golpeó el pasamanos y se rompió.

Un fragmento cayó.

Rachel todavía sostenía la memoria.

Después Elise intentó arrebatársela.

Rachel perdió el equilibrio.

Cayó.

Daniel sintió que el estómago se cerraba.

—¿Y tú no llamaste inmediatamente?

Vanessa cerró los ojos.

—Me congelé.

—Mentiste a la policía durante once meses.

—Porque Elise dijo que yo sería acusada.

—¿Y dónde estaba ella cuando llegaron los paramédicos?

—Se fue.

—¿Y el fragmento?

—Lo recogí.

—¿Por qué?

Vanessa lloró.

—Porque tenía sangre.

Daniel permaneció inmóvil.

Ella continuó.

—Lo escondí en el baúl.

Era terrible.

Cobarde.

Pero todavía no explicaba el ataque a Noah y Maisie.

—¿Por qué atacaste a los niños hoy?

Vanessa miró hacia el suelo.

—Porque Maisie encontró el conejo.

—Eso no responde.

—Pensé que dentro estaba la memoria.

Daniel apretó la mandíbula.

—Preferiste asustar a tus propios hijos antes que dejar que yo supiera la verdad.

Vanessa no pudo responder.

Daniel salió.

Horas después, el detective llamó.

Habían localizado a Elise Warren.

No estaba huyendo.

Estaba ingresada en una clínica psiquiátrica desde hacía nueve meses.

Fecha de ingreso:

dos meses después de la muerte de Rachel.

Daniel fue a verla.

Elise parecía agotada.

Cuando vio la fotografía de Rachel, empezó a llorar.

—No quería que muriera.

—¿La empujaste?

—No.

—Vanessa dice que forcejearon.

—Sí.

—Entonces cayó por tu culpa.

Elise negó.

—Rachel ya estaba soltando la botella cuando alguien apareció arriba.

Daniel sintió frío.

—¿Quién?

Elise miró hacia la puerta.

—Tu madre.

—¿Helen?

—Sí.

Daniel se quedó inmóvil.

—Ella gritó algo.

—¿Qué?

Elise respiró hondo.

—“Dáselo.”

—¿A quién?

—A Rachel.

—¿Qué tenía que darle?

Elise cerró los ojos.

—La memoria.

Daniel sintió rabia.

—Entonces Helen estaba metida en todo.

Elise abrió los ojos.

—No entiendes.

Su voz tembló.

—Helen no estaba intentando recuperar la memoria.

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—¿Entonces qué hacía?

—Intentaba impedir que Vanessa la destruyera.

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