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Chapter 2 - La botella desaparecida

Daniel llamó a su madre antes que a la policía.

No sabía exactamente por qué.

Tal vez porque necesitaba escuchar a alguien confirmar que no se estaba volviendo loco.

Helen Carter permaneció en silencio al otro lado de la línea cuando Daniel mencionó el fragmento rojo.

Después preguntó:

—¿Dónde lo encontraste?

—En el baúl de los niños.

Otra pausa.

—Daniel… no llames a nadie todavía.

Él se quedó inmóvil.

—¿Por qué?

—Porque Rachel me llamó la noche antes de morir.

Daniel sintió un frío instantáneo.

—Nunca me dijiste eso.

—Me pidió que no lo hiciera.

Helen explicó que Rachel estaba preocupada por Vanessa.

No porque creyera que Vanessa fuera peligrosa.

Al menos no al principio.

Rachel había encontrado irregularidades en unas cuentas familiares que Daniel desconocía.

La familia Carter poseía varios inmuebles heredados.

Vanessa llevaba meses ayudando a Rachel a organizar documentos.

Durante ese proceso, Rachel descubrió transferencias extrañas.

Pequeñas al principio.

Después mayores.

Dinero movido desde cuentas familiares hacia una empresa llamada Halcyon Interiors.

Daniel conocía el nombre.

Era la empresa de diseño donde Vanessa había trabajado antes de casarse.

—¿Rachel pensaba que Vanessa estaba robando?

—No exactamente.

—¿Entonces qué?

Helen dudó.

—Pensaba que Vanessa estaba pagando a alguien.

Daniel miró hacia la sala.

Vanessa estaba sentada lejos de los niños, observada por un agente que Daniel finalmente había llamado para documentar el ataque.

—¿A quién?

—Rachel no lo sabía.

Pero había algo más.

La noche anterior a la caída, Rachel dijo haber encontrado un pequeño sobre escondido dentro de la botella roja de perfume.

—¿Un sobre?

—Sí.

—¿Qué había dentro?

—No quiso decírmelo por teléfono.

Daniel sintió que la pieza de cristal pesaba más en su mano.

Aquella botella quizá no había sido simplemente un objeto roto.

Había sido un escondite.

Después de la llamada, Daniel buscó entre las antiguas pertenencias de Rachel que todavía conservaba.

Encontró fotografías.

Cartas.

Recibos.

Y una imagen tomada en aquella misma sala apenas dos semanas antes de su muerte.

Rachel aparecía junto a Vanessa.

Ambas sonreían.

Pero en el reflejo de un espejo del pasillo se veía a una tercera persona.

Una mujer de cabello oscuro.

Daniel no la reconoció.

Cuando mostró la fotografía a Vanessa, ella perdió el color.

—¿Quién es?

—No lo sé.

Daniel sostuvo la imagen frente a ella.

—No vuelvas a mentirme.

Vanessa miró hacia los niños.

—Se llama Elise Warren.

—¿Quién es Elise?

—Era amiga de Rachel.

—¿Y tuya?

—No.

—Entonces ¿por qué está en nuestra casa?

Vanessa cerró los ojos.

—Porque Rachel la trajo.

Daniel hizo otra pregunta.

—¿Qué había dentro de la botella?

Vanessa no respondió.

—¿La rompiste tú?

—No.

—¿Rachel?

Silencio.

Daniel se inclinó ligeramente.

—¿Qué pasó en la escalera?

Vanessa comenzó a llorar.

Pero esta vez no parecía actuación.

—Daniel… Rachel no cayó por accidente.

Daniel sintió que el corazón golpeaba contra sus costillas.

—¿La empujaste?

Vanessa levantó la mirada.

—No.

—Entonces ¿quién?

Ella tardó demasiado.

—Elise.

Daniel retrocedió.

—¿Elise mató a mi hermana?

—No sé si quería matarla.

—¿Estabas allí?

Vanessa asintió.

Todo cambió.

Durante once meses, Vanessa había afirmado que encontró a Rachel después de la caída.

Era mentira.

—¿Por qué no lo dijiste?

Vanessa susurró:

—Porque Rachel cayó sosteniendo algo que podía destruir a toda tu familia.

Daniel miró el fragmento rojo.

—¿Qué?

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Vanessa señaló el viejo conejo.

—Lo que escondió antes de morir.

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