Chapter 17 - Charles Carter nunca murió

Daniel ya estaba cansado de los muertos que regresaban.
Pero Charles era distinto.
Charles había sido convertido en la explicación de todo.
El padre biológico robado.
El hermano asesinado.
La víctima que justificaba décadas de culpa.
—¿Dónde está?
Helen negó.
—No lo sé.
—Lo viste hace once meses.
—Solo durante segundos.
La noche de la caída, Arthur apareció desde la habitación superior.
Detrás de él había otro hombre.
Más delgado.
Cabello blanco.
Un bastón.
Rachel lo reconoció antes que Helen.
—Papá.
Daniel sintió que aquella palabra le resultaba extraña.
Rachel había crecido pensando que Arthur era su padre.
Pero el hombre detrás de él no podía ser su padre.
Helen explicó:
—Rachel no estaba hablando con él.
—¿Entonces?
—Hablaba con Arthur.
Eso tenía sentido.
Rachel aún llamaba padre al hombre que la había criado.
Charles simplemente estaba detrás.
Helen lo reconoció.
Y se quedó paralizada.
—¿Por qué no dijiste nada?
—Porque después Rachel cayó.
Arthur amenazó a todos.
Charles desapareció.
Y Helen volvió a convencerse de que quizá el shock había creado aquel rostro.
Pero Jonathan tenía pruebas.
El accidente de automóvil nunca mató a Charles.
Samuel saboteó los frenos.
El automóvil chocó.
Charles quedó gravemente herido.
Arthur organizó una falsa identificación del cuerpo de otro hombre encontrado en el vehículo.
—¿Por qué Arthur dejaría vivo a Charles?
—Porque Charles cedió.
Daniel apretó la mandíbula.
—¿Cedió qué?
Jonathan respondió:
—A Lucas.
El silencio se volvió insoportable.
Arthur había descubierto que Charles mantenía oculto el nacimiento de los gemelos y de Claire.
Después del accidente, le ofreció un trato.
Charles podía desaparecer y permanecer vivo.
Helen y Daniel quedarían fuera del escándalo.
A cambio, Arthur se llevaría a Lucas y controlaría el resto de las acciones.
Lucas se volvió hacia Helen.
—¿Él me entregó?
Helen negó.
—Yo no sabía nada.
Lucas parecía destrozado.
Durante toda su vida había culpado primero a Helen.
Después a Arthur.
Ahora descubría que su propio padre biológico había participado en su desaparición.
Daniel preguntó:
—¿Por qué Charles apareció la noche que murió Rachel?
Jonathan respondió:
—Porque ella lo encontró.
Rachel había pasado meses reconstruyendo el accidente.
Localizó a Charles bajo otra identidad.
Le exigió que declarara contra Arthur.
Charles se negó.
—¿Por miedo?
—Por algo peor.
—¿Qué?
Jonathan miró a Lucas.
—Charles sabía que Arthur había convertido a Lucas en parte de su red financiera.
Lucas perdió el color.
Daniel giró.
—¿Qué hiciste?
Lucas no respondió.
—¿Qué hiciste para Arthur?
—Moví dinero.
—¿Cuánto?
—Mucho.
—¿Dinero robado?
—Sí.
—¿Sabías?
Lucas cerró los ojos.
—Al principio no.
—¿Y después?
—Sí.
Aquello rompió el último mito.
Lucas tampoco era solo víctima.
Arthur lo había criado para ser la persona que administrara sus empresas invisibles.
Lucas había intentado salir años atrás.
Entonces conoció a Rachel.
Ella creyó que podía ayudarlo.
El romance terminó cuando descubrieron que existían conexiones familiares demasiado confusas para confiar en ellas.
Pero continuaron investigando juntos.
—Rachel estaba intentando sacarte de la red.
—Sí.
—Y Charles sabía que si declaraba, tú irías a prisión.
Lucas asintió.
Daniel comprendió por qué Charles había vuelto aquella noche.
No para proteger a Arthur.
Para proteger a Lucas.
Otra vez.
Un padre eligiendo salvar a un hijo y poniendo a otro en peligro.
—¿Dónde está Charles ahora?
Jonathan deslizó una dirección.
—No sé si sigue allí.
Una pequeña residencia privada en Maine.
Daniel y Lucas llegaron acompañados por agentes.
Habitación 214.
Daniel llamó.
Una voz envejecida respondió:
—Adelante.
Charles Carter estaba sentado junto a una ventana.
Daniel lo reconoció sin haberlo visto como adulto.
Era su propio rostro treinta años más viejo.
Charles miró primero a Lucas.
Después a Daniel.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Mis hijos.
Daniel no se movió.
—No nos llames así todavía.
Charles bajó la cabeza.
—Lo merezco.
Lucas hizo la pregunta más importante.
—¿Viste caer a Rachel?
Charles cerró los ojos.
—Sí.
—¿Quién la hizo caer?
—Nadie.
—Eso ya lo sabemos.
Daniel se inclinó.
—Entonces dime qué ocurrió después.
Charles comenzó a llorar.
—Rachel seguía consciente.
—Sí.
—Y me dio algo.
Daniel sintió frío.
—¿Qué?
Charles abrió el cajón de la mesa.
Sacó un pequeño envoltorio.
Dentro había otro fragmento de cristal rojo.
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Pegado a él había una microtarjeta.
—Esto.