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Chapter 26 - Lo que Miriam creyó que era amor

Encontraron a Miriam en una clínica privada.

No había gestante.

No había procedimiento programado.

No estaba intentando crear otro niño.

Vanessa sintió alivio tan fuerte que casi cayó.

La nevera médica permanecía cerrada junto a Miriam.

Ella misma había llamado a la policía esa mañana.

—¿Por qué lo sacaste? —preguntó Vanessa.

Miriam lloró.

—Porque el laboratorio iba a destruirlo.

Vanessa la miró.

—¿Y?

Miriam pareció no entender.

Aquella respuesta fue suficiente.

—No era tu decisión.

—Era tu última oportunidad.

—¿Para qué?

—Para tener otro hijo algún día.

Vanessa sintió una rabia limpia.

No confusa.

No mezclada con Arthur o Jonathan.

—Yo ya tengo una hija que ni siquiera sabía que existía porque ustedes decidieron por mí.

Miriam cerró los ojos.

—Quería darte una familia.

—Ya tenía una.

Pausa.

—Tú.

Aquello hizo llorar a Miriam.

Vanessa continuó:

—Y no fue suficiente para ti.

Miriam había conocido a Jonathan cuando trabajaban alrededor del laboratorio.

Sabía que era el padre biológico de Vanessa.

Él la convenció de que Vanessa podía tener problemas de fertilidad.

Cuando Vanessa necesitó cirugía a los diecinueve, ambos autorizaron la preservación.

—Creí que algún día me darías las gracias.

—¿Por haber falsificado mi firma?

Miriam no respondió.

Años después Jonathan pidió utilizar uno de los ovocitos.

Miriam se negó al principio.

Él dijo que Vanessa estaba atrapada en una familia Carter donde nunca tendría nada verdaderamente suyo.

—¿Y pensaste que fabricar una hija a mis espaldas solucionaba eso?

Miriam lloraba.

—Pensé que cuando la vieras…

—¿Qué?

—La amarías.

Vanessa miró hacia la ventana.

—La amo.

Miriam levantó la cabeza con esperanza.

Vanessa la destruyó inmediatamente.

—Eso no convierte lo que hiciste en correcto.

Daniel observaba desde detrás del cristal junto a un investigador.

Aquella frase parecía resumir toda su familia.

Amar a alguien no convertía en correcto decidir por él.

Miriam entregó el embrión voluntariamente.

Pero surgió una pregunta.

¿Qué hacer con él?

Legalmente pertenecía al material reproductivo de Vanessa.

No a Miriam.

No a Jonathan.

No a Carter Holdings.

Vanessa debía decidir.

Por primera vez.

Ella sola.

El médico explicó las opciones.

Mantenerlo preservado.

Donarlo para investigación bajo consentimiento.

Desecharlo.

Vanessa pidió tiempo.

Nadie presionó.

Durante aquella noche visitó a Maisie bajo supervisión.

La niña coloreaba.

—Rojo.

—Sí —dijo Vanessa.

—Como conejo.

—Sí.

Maisie la miró.

—¿Eres mamá?

Vanessa sintió que se rompía.

Sabía que la niña había escuchado adultos.

—Soy Vanessa.

—¿Mamá?

Vanessa tragó saliva.

—Soy tu mamá biológica.

Maisie no entendió “biológica”.

Por supuesto que no.

Vanessa simplificó.

—Creciste de una parte de mí.

Maisie sonrió.

—¿Como flor?

Vanessa empezó a llorar.

—Algo así.

Pero no dijo “entonces eres mía”.

No dijo “voy a llevarte a casa”.

Había aprendido al menos eso.

—Y Daniel?

—Daniel te quiere.

—Noah?

—También.

Maisie volvió a dibujar.

Para ella la familia todavía podía ser simple.

Los adultos eran quienes la habían complicado.

A la mañana siguiente Vanessa tomó su decisión sobre el embrión restante.

—Quiero que continúe congelado durante seis meses.

Miriam pareció sorprendida.

—¿Para usarlo?

—No lo sé.

—Entonces…

Vanessa levantó una mano.

—Por primera vez, no necesito saber inmediatamente.

Era su decisión.

Podía esperar.

Pero antes de que firmara apareció un investigador.

Habían terminado de revisar el expediente de Jonathan.

El esperma utilizado para crear a Maisie había sido identificado.

Vanessa se tensó.

—¿Quién?

No era Daniel.

No Ethan.

No Lucas.

Era un donante anónimo registrado veinte años atrás.

Sin relación con ninguna familia Carter o Warren.

Vanessa casi se rio de alivio.

Al menos una cosa no era otro parentesco imposible.

Pero el investigador no sonreía.

—Hay un problema.

—¿Qué?

—El donante negó haber autorizado el uso reproductivo.

Vanessa sintió frío.

Otra persona.

Otra decisión tomada sin permiso.

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Y entonces comprendió que la historia de Maisie no podía terminar únicamente devolviendo a Vanessa el derecho a decidir.

Había otra persona a quien también se lo habían quitado.

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