Chapter 7 - La última mentira

Ethan levantó los ojos lentamente.
Evelyn había dejado de respirar.
Corinne fue la primera en reaccionar.
—Lo sabía.
Evelyn retrocedió.
—No tienes idea de qué dice esa carta.
—Dice que no confiemos en ti.
—Thomas murió cuando yo era niña.
—Entonces explícalo.
Ethan levantó una mano.
—Nadie se mueve.
Con Maisie segura junto a Daniel, Ethan leyó la carta completa.
Thomas explicaba que Henry Mercer dirigía una red de empresas diseñadas para ocultar patrimonio mediante fideicomisos, adopciones privadas y cambios de identidad.
Pero Henry no trabajaba solo.
Alguien dentro de su propia familia había descubierto el sistema.
Alguien que fingió ser víctima mientras aprendía cómo utilizarlo.
Evelyn.
—Eso es mentira —dijo ella.
Thomas afirmaba que Evelyn había ayudado a copiar archivos antes de desaparecer.
Después había intentado vender información a varias partes.
Lucy se convirtió en su seguro.
Henry quería controlar a la bebé.
Evelyn quería utilizarla para heredar.
Corinne parecía horrorizada.
—¿Usaste a tu propia hija?
Evelyn negó.
—Thomas no conocía toda la historia.
—Entonces dinos tú la historia —exigió Ethan.
Evelyn miró hacia la puerta.
Aquello fue suficiente.
Daniel bloqueó discretamente la salida.
—No.
Evelyn cerró los ojos.
—Lucy no desapareció porque mi padre la robó.
Silencio.
—Yo la escondí.
Corinne se llevó una mano a la boca.
—¿Dónde?
—Con una familia segura.
—¿Durante catorce años?
—Era la única manera de mantenerla viva.
Ethan mostró la fotografía reciente.
—Entonces sabes dónde está.
Evelyn no respondió.
—Sabes exactamente dónde está.
—Sí.
Todo cambió.
La mujer que había llegado como víctima tenía ahora demasiados secretos.
—¿Y Maisie? —preguntó Ethan.
Evelyn miró a la niña.
—Nunca pensé que Corinne usaría esa clínica.
—No respondiste.
—El óvulo usado para Maisie pertenece a Lucy.
Nadie habló.
Ethan sintió que las palabras no tenían sentido.
Lucy tenía catorce años.
—Eso es imposible.
—No era un óvulo de Lucy adolescente —dijo Evelyn—. Era tejido ovárico preservado ilegalmente cuando ella era bebé, dentro de un programa experimental financiado por Henry.
Daniel quedó atónito.
—Eso sería criminal.
—Por eso Henry hizo desaparecer los registros.
Corinne comenzó a temblar.
—Yo no sabía nada.
—Eso sí te lo creo —respondió Evelyn.
Ethan miró a Maisie.
Su hija seguía siendo su hija.
Pero biológicamente, Corinne no era su madre.
Lucy, una adolescente que jamás había conocido, estaba vinculada genéticamente a ella mediante un procedimiento que nunca debería haber sucedido.
—¿Quién autorizó la transferencia? —preguntó Ethan.
Evelyn guardó silencio.
—¿Henry?
—No.
—¿Tú?
—No.
Ethan entendió entonces algo que nadie había considerado.
—Alguien tenía que saber que Corinne estaba haciendo el tratamiento.
Evelyn asintió.
—Sí.
—Alguien tenía acceso a la clínica.
—Sí.
—Y alguien colocó el conejo, el expediente, la llave y la caja.
Corinne miró alrededor de la sala.
—Entonces esa persona ha estado manipulándonos desde el principio.
Daniel tomó la memoria encontrada en la caja.
La conectó a su portátil.
Había un único video.
La grabación mostraba una habitación de hospital, dieciséis meses atrás.
Corinne dormía después de un procedimiento.
Un médico entraba.
A su lado había una mujer.
Ethan se acercó a la pantalla.
No reconoció al médico.
Pero sí reconoció a la mujer.
Había visto su rostro toda su infancia.
—No puede ser.
Corinne miró la pantalla.
—¿Quién es?
Ethan sintió que las piernas dejaban de sostenerlo.
—Mi madre.
La grabación continuó.
Margaret Carter, la mujer que había criado a Ethan y que supuestamente vivía retirada en Arizona, entregaba una carpeta al médico.
Después decía claramente:
—Asegúrese de usar el embrión Mercer. Henry nunca debe saber que nosotros llegamos primero.
La pantalla quedó negra.
Entonces el teléfono desechable volvió a sonar.
Ethan contestó sin apartar los ojos del portátil.
Esta vez era una mujer.
Una voz que conocía mejor que ninguna otra.
—Hola, cariño.
Ethan no pudo hablar.
—Mamá…
Margaret soltó un suspiro.
—Por fin encontraste la grabación.
—¿Qué hiciste?
—Lo que tu padre murió intentando hacer.
Ethan apretó el teléfono.
—¿Usaste a mi hija?
—No, Ethan.
La voz de Margaret se volvió fría.
—Te di la única persona capaz de terminar esta guerra.
—Maisie es una bebé.
—No estoy hablando de Maisie.
Ethan miró a Evelyn.
Luego a Corinne.
—¿Entonces de quién hablas?
Margaret permaneció en silencio durante un segundo.
Después dijo:
—De Lucy.
Un golpe sonó en la puerta principal.
Todos se giraron.
Tres golpes lentos.
Ethan caminó hacia ella.
—Mamá, ¿dónde estás?
Margaret respondió:
—Más cerca de lo que crees.
Ethan abrió la puerta.
Frente a él había una adolescente de catorce años.
La misma chica de la fotografía.
Lucy.
Tenía lágrimas en los ojos.
Pero no estaba sola.
Detrás de ella había un hombre mayor con abrigo oscuro.
Evelyn dejó escapar un grito.
Corinne retrocedió.
Henry Mercer sonrió.
Lucy miró directamente a Ethan.
—Por favor, no cierres la puerta.
Ethan observó a Henry.
—¿Qué quieres?
Henry apoyó una mano sobre el hombro de la adolescente.
—Que Lucy te diga quién mató realmente a tu padre.
Lucy comenzó a llorar.
Luego miró hacia el interior de la casa.
No miró a Corinne.
No miró a Evelyn.
Miró a Daniel.
Y susurró:
—Fue él.
Daniel dejó caer el portátil.
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La pantalla se apagó.
Y antes de que Ethan pudiera reaccionar, todas las luces de la casa se extinguieron.