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Chapter 2 - La mujer de la fotografía

Ethan leyó el mensaje dos veces.

Corinne también lo vio.

Y su reacción fue peor que cualquier explicación.

No preguntó quién lo había enviado.

No pareció confundida.

Miró inmediatamente hacia las ventanas.

Como si supiera que alguien los estaba observando.

—¿Quién sabe de este expediente? —preguntó Ethan.

—Nadie.

—Acabas de mirar hacia afuera.

—Porque estoy asustada.

—¿De quién?

Corinne apretó los labios.

Maisie seguía pegada a la pierna de Ethan.

Él respiró hondo, la tomó en brazos y colocó el expediente sobre el sofá.

Dentro había documentos legales, copias certificadas, cartas antiguas y fotografías.

La primera hoja no explicaba nada sobre Maisie. Era un acuerdo confidencial firmado quince años antes entre tres personas.

Una de ellas era Corinne.

La segunda era una mujer llamada Evelyn Mercer.

La tercera firma estaba parcialmente cubierta por una mancha oscura.

Ethan tomó la fotografía que había caído del marco.

—¿Es Evelyn?

Corinne cerró los ojos.

—Sí.

—¿Quién es?

—Mi hermana.

Ethan sintió que algo se desplazaba bajo sus pies.

Llevaban nueve años juntos.

Corinne siempre había dicho que era hija única.

—Nunca me dijiste que tenías una hermana.

—Porque para mi familia dejó de existir.

Ethan revisó los documentos.

Evelyn Mercer tenía veintidós años cuando el acuerdo había sido firmado. Corinne diecinueve.

—¿Qué hicieron?

—No puedo explicártelo así.

—Tienes exactamente una oportunidad.

Corinne miró a Maisie.

—Primero llévala arriba.

—No.

—Ethan…

—No vuelvas a decirme qué hacer con mi hija.

Corinne bajó la mirada.

Aquellas palabras parecieron herirla de una manera extraña.

Mi hija.

Ethan lo notó.

Y de repente la frase del expediente volvió a su mente.

“Quién es realmente Maisie.”

Siguió leyendo.

El acuerdo mencionaba una propiedad en Connecticut, un fideicomiso y una cláusula de identidad protegida.

Pero faltaban páginas.

Varias.

Habían sido arrancadas.

—¿Dónde está el resto?

—No lo sé.

—Estaba escondido en tu gabinete.

—Ese expediente no lo escondí yo.

Ethan soltó una risa seca.

—Maisie dijo que tú escondiste algo.

—Maisie apenas habla.

—Habló bastante claro.

Corinne miró a la niña.

—Porque alguien le enseñó esa frase.

Ethan se quedó inmóvil.

—¿Quién?

Corinne señaló el conejo de peluche.

—Mira dentro.

Ethan frunció el ceño.

El conejo había sido un regalo anónimo recibido dos semanas antes del primer cumpleaños de Maisie.

Nunca habían descubierto quién lo había enviado.

Ethan palpó el juguete.

En el costado encontró una costura diferente.

La abrió cuidadosamente.

Dentro había un pequeño dispositivo.

No era peligroso.

Era un diminuto altavoz grabador.

Ethan pulsó el botón.

Una voz femenina salió del juguete.

—Maisie, si mamá se enfada, señala el gabinete. Dile a papá que ella escondió algo allí.

Ethan miró a Corinne.

La grabación continuó.

—Y cuando tu padre abra el expediente, finalmente sabrá lo que Corinne me robó.

Corinne comenzó a llorar.

—Evelyn.

—¿Tu hermana está viva?

Corinne tardó demasiado en responder.

—Hasta hace tres años… creía que no.

Ethan tomó su teléfono para llamar a la policía.

Entonces volvió a recibir un mensaje.

Esta vez incluía una fotografía.

Era la fachada de su propia casa.

Tomada minutos antes.

Debajo decía:

YA ABRISTE EL EXPEDIENTE. AHORA MIRA DEBAJO DE LA CONSOLA.

Ethan giró lentamente.

Entre la madera rota y los marcos destruidos había un sobre que claramente no estaba allí antes.

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En él aparecía escrito su nombre.

ETHAN CARTER.

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