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Chapter 13 - Margaret Bennett

Margaret tenía ciento cuatro años.

Y estaba viva.

No escondida en un laboratorio.

Vivía en una residencia privada de Vermont financiada por una fundación médica.

Grant esperaba encontrar a una anciana frágil.

Encontró una mujer lúcida.

Pequeña.

Cabello completamente blanco.

Ojos que parecían reconocerlo antes de que hablara.

—Grant.

Él sintió escalofríos.

—¿Cómo sabe quién soy?

—Porque Thomas nunca dejó de enviarme fotografías.

Robert entró detrás.

Margaret perdió la compostura.

—Robbie.

Robert no se acercó.

—Me dijiste que Daniel había muerto.

Margaret cerró los ojos.

—Sí.

—¿Por qué?

—Porque si sabías que estaba vivo, Thomas habría descubierto dónde estaba.

Grant frunció el ceño.

—Thomas ya trabajaba con Legacy.

—Precisamente.

Margaret reveló que Thomas no fue simplemente un niño atrapado en el proyecto.

A los diecisiete años empezó a colaborar voluntariamente.

Creía que Legacy podía convertir enfermedades hereditarias en algo controlable.

Después descubrió el valor comercial.

Su idealismo cambió.

Daniel, en cambio, quería destruir el programa.

Robert solo quería escapar.

Tres hermanos.

Tres respuestas.

Margaret eligió proteger a Daniel.

Pero lo hizo de la peor manera.

Fingió su muerte.

—Todos en esta familia creen que una mentira puede proteger mejor que la verdad —dijo Rachel.

Margaret la miró.

—Sí.

No discutió.

Rachel preguntó:

—¿Quién ordenó utilizar A-17?

Margaret respondió:

—Yo.

Silencio.

Grant avanzó.

—¿Usted creó a Maddie?

—No.

—Ordenó las muestras.

—Ordené liberar A-17 cuando apareciera una combinación compatible.

—Eso es crearla.

Margaret aceptó.

—Sí.

Rachel sintió furia.

—Usó mi cuerpo.

—Sí.

—Sin mi consentimiento.

—Sí.

No había excusa.

Eso hizo que Rachel la odiara más.

Margaret explicó que estaba muriendo.

No esperaba superar los noventa y ocho.

Legacy seguía existiendo.

Thomas y Evelyn buscaban una forma de controlar las patentes.

Margaret creyó que un nacimiento con la combinación Sophie-Daniel activaría las cláusulas legales y destruiría el sistema.

—Convirtió a mi hija en una llave.

—Sí.

—¿Y si algo salía mal?

Margaret bajó la mirada.

—Me convencí de que no ocurriría.

Rachel soltó una risa amarga.

—Eso dicen todos los monstruos cuando el experimento sobrevive.

Margaret recibió la frase sin defenderse.

Grant preguntó por la liberación bloqueada.

—Thomas.

—¿Por qué?

—Porque los archivos no solo incriminan a Evelyn.

También a farmacéuticas, clínicas y familias que compraron servicios de Legacy.

—¿Cuántas?

Margaret respondió:

—Más de trescientas.

Silencio.

Legacy no era un secreto familiar.

Era una red.

Generaciones de procedimientos.

Muestras.

Identidades modificadas.

Nacimientos.

Herencias construidas alrededor de genética.

Rachel sintió que Maddie se convertía en centro de algo gigantesco.

—¿Dónde están los archivos?

Margaret señaló a Grant.

—Tu padre los tiene.

Grant pensó en Simon.

—Simon.

Margaret negó.

—No.

Grant se tensó.

—La prueba confirmó que Simon es mi padre.

—La prueba confirmó que compartís una relación compatible con padre e hijo.

—Es lo mismo.

—No en nuestra familia.

Simon tenía un hermano.

Adrian.

Pero Margaret negó también.

—Tu padre no es un Vale.

Grant sintió rabia.

—Entonces ¿quién?

Margaret lo miró con tristeza.

—Thomas.

Grant soltó una risa desesperada.

—Ya hicimos esa prueba.

—Con la muestra médica de Thomas.

—Sí.

—La muestra que vosotros mismos descubristeis que estaba mal etiquetada.

Silencio.

Margaret tenía razón.

Nunca habían obtenido ADN directamente de Thomas vivo.

Grant sintió frío.

—¿Thomas es mi padre biológico?

—Sí.

—¿Entonces Simon?

Margaret respondió:

—Simon es también hijo de Thomas.

Simon, que había llegado detrás de ellos, se quedó inmóvil.

—¿Qué?

Margaret lo miró.

—Elias Vale no era tu padre.

Simon palideció.

—Mi madre…

—Tu madre participó en Legacy.

Grant comprendió.

Si Thomas era padre de Simon…

Simon y Grant podían aparecer genéticamente como padre e hijo en determinados análisis si los registros de referencia estaban contaminados.

Pero las edades…

Thomas era apenas nueve años mayor que Simon.

Imposible.

Simon señaló la inconsistencia.

Margaret sonrió tristemente.

—Exacto.

Pausa.

—Así que ahora ya sabes qué fecha tampoco es real.

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Simon dejó de respirar.

Y Rachel comprendió que las falsificaciones de edad no habían empezado con Sophie.

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