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Chapter 7 - Quien encendió la cámara

Adrian Cross tenía treinta y seis años.

Un año menos que Grant.

No existía públicamente.

Sin certificado escolar.

Sin historial laboral.

Sin fotografías familiares.

Pero Bellmere tenía cientos de páginas sobre él.

Sujeto A-CROSS.

El primer niño sometido a Protocol Seven.

Grant sintió horror.

—Julian experimentó con su propio hijo.

Vivienne empezó a llorar.

—Por eso mi madre lo dejó.

—¿Dónde está Adrian?

—No sé.

Tessa encontró una imagen reciente.

Adrian caminando por un pasillo.

Fecha:

tres días atrás.

La misma fecha en que Vivienne vio a Claire.

Grant la miró.

—¿Claire estaba con él?

Vivienne asintió.

—Sí.

—¿Voluntariamente?

—Parecía que sí.

Grant sintió rabia.

—¿Entonces Adrian es el padre biológico de Noah?

—Eso indican los archivos.

—¿Claire lo sabía?

—Sí.

Silencio.

Grant tuvo que sentarse.

Noah seguía abrazado a su pecho.

Biología o no, seguía siendo su hijo.

Pero alguien había utilizado a Claire para tener un bebé con material genético de Adrian.

—¿Por qué?

Tessa encontró la respuesta.

Protocol Seven requería un descendiente de Adrian para desbloquear legalmente una serie de fideicomisos y archivos médicos.

Noah era la llave.

—Todo esto por documentos.

Vivienne negó.

—No.

—Entonces ¿por qué?

—Porque Adrian quería salir.

Grant la miró.

Adrian había vivido toda su vida bajo control de Bellmere.

Claire descubrió su existencia durante su investigación.

Lo ayudó.

Pero para demostrar legalmente quién era Adrian, necesitaban una relación genética directa registrada fuera de Bellmere.

Noah.

Grant sintió náuseas.

—¿Claire aceptó tener un hijo para eso?

Vivienne respondió:

—No exactamente.

—¿Qué significa?

El procedimiento se realizó durante un tratamiento de fertilidad que Grant y Claire habían iniciado después de varios intentos fallidos.

Claire pensó que el embrión era suyo y de Grant.

Solo descubrió la verdad durante el embarazo.

—Y no me lo dijo.

—Porque cuando lo descubrió, ya estaba investigando Bellmere.

Grant sintió dolor.

—Debió confiar en mí.

Tessa habló suavemente.

—Quizá pensaba que hacerlo te pondría en peligro.

Grant miró la cámara.

—Entonces ¿quién la encendió hoy?

Vivienne negó.

—No fui yo.

Tessa tampoco.

La consola registraba un acceso remoto.

Usuario:

A-CROSS.

Adrian.

Grant quedó inmóvil.

—Está mirando.

La luz verde volvió a parpadear.

Grant caminó lentamente hacia la cámara.

—Adrian.

Nada.

—Si puedes oírme, deja de esconderte.

La consola emitió un sonido.

Un archivo de audio comenzó a reproducirse.

Voz masculina.

—Grant.

Vivienne cerró los ojos.

—Es él.

Adrian continuó.

—Noah está en peligro.

Grant apretó al niño.

—¿De quién?

—De mi padre.

Julian Cross.

Vivienne quedó blanca.

—Papá murió hace cuatro años.

Adrian soltó una risa amarga desde la grabación.

—No.

La misma palabra.

La misma mentira.

Julian estaba vivo.

Y todavía controlaba Bellmere.

—¿Dónde está Claire? —preguntó Grant.

La grabación respondió como si Adrian hubiera anticipado la pregunta.

—Conmigo.

Grant cerró los ojos.

—¿Está bien?

—Sí.

—Entonces tráela aquí.

Silencio.

—No puedo.

—¿Por qué?

—Porque Claire todavía no te ha contado lo que hizo después de descubrir quién era el padre biológico de Noah.

Grant sintió frío.

—¿Qué hizo?

—Cambió el plan.

Vivienne levantó la mirada.

—¿Qué plan?

La cámara mostró un nuevo archivo.

Un certificado.

Noah Mercer.

Segundo progenitor legal propuesto:

Adrian Cross.

Grant sintió rabia.

—Quiere quitarme a mi hijo.

Adrian respondió:

—No.

—Entonces ¿qué es esto?

—Claire preparó esos documentos para protegerlo si Bellmere te incriminaba.

—¿Incriminarme por qué?

Silencio.

Después apareció otro video.

Claire.

Más reciente.

Grabado aquella mañana.

—Grant, si estás viendo esto, significa que Adrian consiguió reactivar la cámara.

Grant dejó de respirar.

Vivienne miró hacia arriba.

Así que Adrian sí la había encendido.

Claire continuó:

—Lo siento por todo lo que te oculté.

—Claire…

—Pero tienes que escucharme antes de buscarme.

Ella parecía cansada.

Asustada.

—Julian Cross no quiere a Noah por Protocol Seven.

Vivienne frunció el ceño.

—Entonces ¿por qué?

Claire respondió:

—Porque Noah no es el primer hijo de Adrian.

Silencio.

Grant sintió un escalofrío.

—¿Qué?

—Hubo otro bebé.

Vivienne empezó a temblar.

—No.

Claire continuó:

—Hace ocho años.

Tessa miró a Vivienne.

—¿Tú sabías?

—No.

La pantalla mostró una fotografía.

Un niño pequeño.

Cabello oscuro.

Ojos verdes.

Grant lo reconoció.

Había visto aquel rostro antes.

En una fotografía familiar de Tessa.

—¿Quién es?

Tessa palideció.

—Ese es mi sobrino.

—¿De quién?

—De Ethan.

Grant recordó.

Ethan Monroe.

El hermano fallecido de Tessa.

Claire negó desde el video.

—Ethan no era su padre.

Tessa dejó de respirar.

—Entonces…

—Adrian.

El niño era hijo de Adrian Cross y de una mujer vinculada a la familia Monroe.

—¿Dónde está ahora?

Claire no respondió inmediatamente.

Después dijo:

—Julian lo encontró primero.

La imagen cambió.

Apareció un expediente.

Nombre:

Caleb Monroe.

Estado:

fallecido.

Tessa comenzó a llorar.

—No.

Claire continuó:

—Ese certificado también es falso.

Silencio.

—Caleb está vivo.

Grant sintió que otro secreto se abría.

—¿Dónde?

La cámara de seguridad giró ligeramente.

Todos miraron hacia arriba.

Grant quedó inmóvil.

—La cámara no puede moverse sola.

Vivienne retrocedió.

La consola emitió una señal.

Después, por los altavoces del sistema, una voz infantil habló.

—Papá.

Grant miró a Noah.

No había sido él.

La voz volvió.

Más clara.

—Papá Adrian.

Vivienne se llevó una mano a la boca.

Tessa comenzó a llorar.

Grant miró la consola.

—¿Caleb?

Un pequeño video en vivo apareció.

Un niño de ocho años sentado en una habitación desconocida.

Detrás de él estaba Claire.

Viva.

Y junto a ella…

Adrian Cross.

Grant sintió que el corazón se detenía.

Claire miró directamente a la cámara.

—Grant, no vengas a buscarnos todavía.

—¿Por qué?

La imagen mostró movimiento detrás de ellos.

Un hombre mayor apareció.

Cabello blanco.

Traje oscuro.

Vivienne soltó un grito.

—Papá.

Julian Cross.

Vivo.

Julian colocó una mano sobre el hombro de Caleb.

—Ahora sí tenemos a los dos.

Grant sintió hielo en la sangre.

—¿Los dos qué?

Julian sonrió.

—Los dos niños que pueden demostrar lo que hicieron sus padres.

Adrian se volvió hacia él.

—No los tocarás.

Julian respondió:

—Adrian, todavía no entiendes quién es realmente el padre de Noah.

Grant quedó inmóvil.

—¿Qué?

Vivienne miró la pantalla.

—Pero los análisis…

Julian sonrió.

—Los hice yo.

Silencio.

Claire perdió el color.

Adrian dio un paso hacia Julian.

—¿Qué hiciste?

Julian levantó una pequeña carpeta.

—Adrian nunca fue el donante.

Grant sintió que ya no sabía qué podía ser real.

—Entonces ¿quién?

Julian miró directamente hacia la cámara.

—Grant.

Grant dejó de respirar.

Tessa negó.

—La prueba dijo que no.

—Porque alguien sustituyó la muestra de Grant antes del análisis.

Claire cerró los ojos.

Grant miró a Noah.

—Entonces él sí es…

Julian no terminó de responder.

Claire gritó:

—¡No le creas!

Todos miraron hacia ella.

Claire señaló la carpeta.

—Julian no está intentando demostrar que Grant es el padre.

—¿Entonces qué intenta?

Claire respiró con dificultad.

—Demostrar que Grant y Adrian son la misma persona genéticamente.

Grant quedó inmóvil.

Vivienne susurró:

—Eso es imposible.

Julian sonrió.

—No si fueron creados del mismo embrión.

Silencio absoluto.

Grant sintió que el mundo desaparecía.

—¿Qué acabas de decir?

Julian abrió la carpeta.

—Grant Mercer y Adrian Cross no son hermanos.

Pausa.

—Son duplicados genéticos.

Vivienne retrocedió.

Tessa se quedó sin palabras.

Grant miró a Adrian en la pantalla.

Mismo cabello.

Misma edad aproximada.

Rasgos que ahora parecían inquietantemente similares.

Julian continuó:

—Protocol Seven nunca trató de crear un heredero.

—¿Entonces qué?

—Trataba de demostrar que podíamos crear dos vidas a partir de una sola identidad genética…

La transmisión se cortó.

Pantalla negra.

La cámara del salón permaneció encendida.

La luz verde parpadeó una vez.

Dos.

Tres.

Entonces apareció una última voz.

Claire.

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Muy baja.

—Grant, si Adrian es tu copia… pregunta qué hicieron con el original.

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